El Problemómetro y el Collar de Perlas: Mi receta tras la Ruleta Rusa
Tras jugar a la ruleta rusa con mi vida, descubrí que vivir no es evitar problemas, sino aprender a medirlos. Te comparto mi receta para transformar la ansiedad del mañana en un collar de perlas de momentos presentes.
Alejandro Borges
1/14/20263 min read
Hay una sensación que no te cuentan en los manuales de medicina cuando sobrevives a un infarto: la vergüenza.
Como periodista con 40 años de oficio, acostumbrado a leer la realidad y a informar a los demás, me sentí un ignorante. Cargo con una mochila de vergüenza de seis horas. Seis horas en las que, literalmente, estuve jugando a la ruleta rusa con mi vida por pura irresponsabilidad, sin darme cuenta de que el tambor del revólver ya estaba girando.
Hoy, con el diario del lunes y el corazón remendado, entiendo que ese "regalo inesperado" vino con una herramienta de supervivencia bajo el brazo: El Problemómetro.
Regular el ruido del mañana
Pasamos la vida angustiados por el "mañana", por el "qué pasará si...", por deudas que aún no vencen o problemas que habitan solo en nuestra imaginación. Lo irónico es que, si miras hacia atrás, más de la mitad de esas preocupaciones nunca se concretaron. Sin embargo, nos robaron el presente con una eficacia aterradora.
Según mi experiencia, aprender a regular el problemómetro es, en esencia, aprender a vivir. Es bajarle el volumen a la estridencia de la ansiedad futura para poder escuchar el susurro de lo que sí tenemos: el ahora. Lo único tangible. Lo único verdadero.
La felicidad no es un destino, es un collar
Creo que como muchos -hasta que el infarto me abrió los ojos- cometía el error de tratar la felicidad como si fuera una cima a la que hay que llegar para quedarse a vivir. Pero la felicidad no es una meta; no es un estado estático.
He aprendido que la felicidad se parece mucho más a un collar de perlas.
Cada momento de plenitud —un café compartido, una caminata al sol, la brisa en la cara mientras pedaleo— es una perla individual. Son instantes que brillan con luz propia, pero que son fugaces. Se desvanecen rápido para transformarse en el combustible de nuestra memoria.
Nuestra tarea no es "ser felices" para siempre, sino tener la disciplina de ir, incansablemente, en busca de la próxima perla. Debemos hilvanarlas una a una con el hilo de nuestra resiliencia.
El valor del oro puro
En mi caso, el hilo de mi collar en estos tiempos tiene nombre propio: Bianca. Cada minuto que paso con mi nieta es una de esas perlas que brillan más que el resto. No es una metáfora; es oro puro. Es el momento en que el problemómetro se clava en cero y el collar de mi vida suma una pieza más.
Aprendí que vivir mejor no es evitar los problemas, porque el mundo siempre se encargará de enviarnos granos de arena. Vivir mejor es tener la sabiduría de convertir ese grano en una perla y, acto seguido, salir a buscar la siguiente con la misma pasión que si fuera la primera.
A fin de cuentas, la esperanza se siembra así: perla a perla, momento a momento.
Esta historia es un ejemplo de los desafíos que abordamos constantemente en la vida: la lucha contra la "programación mental automática", el peso de las decisiones difíciles y la necesidad de reconstruir para avanzar.
Si esta reflexión sobre la condición humana y la búsqueda de la autenticidad resonó contigo, te invito a adentrarte en mi primer libro.
En él, profundizo a través de catorce historias reales (ficcionadas para proteger la identidad de los protagonistas), donde la resiliencia es la única respuesta para avanzar cuando toca enfrentar decisiones que ponen a prueba nuestra esencia.
