La danza de los ceros: ¿Cuánto valen tus tres centésimos?

Hoy mi tablero de ventas me devolvió una cifra ridícula, y sin embargo, nunca me sentí tan millonario. En este artículo te invito a desarmar la "danza de los ceros" y a descubrir por qué nuestra felicidad suele ser rehén de una simple aritmética. Es hora de ajustar el Valorómetro.

Alejandro Borges

2/9/20263 min read

Hace apenas unas semanas, mi rutina tenía un juez implacable: el tablero de ventas de Amazon. Confieso que rozaba la adicción. Despertaba esperando que el algoritmo me devolviera una cifra, un número, una señal de que el mundo estaba comprando mis historias. Pero hoy, mientras miro la pantalla, no hay ansiedad. Hay una sonrisa.

Este mes llevo gastados apenas 12 centavos en publicidad. ¿El resultado en regalías? 0,03 euros. Tres centavos de euro fruto de seis páginas leídas por algún desconocido en algún lugar del planeta.

Hace apenas unas semanas, ese número habría sido un motivo de frustración. Hoy, bajo la lente de mi “Positivismo Ilustrado”, es una lección magistral de economía existencial. Me puse a pensar en la naturaleza de las cifras y en cómo nuestra felicidad suele ser rehén de una simple representación gráfica: el cero.


El peso relativo de la nada


Solemos usar la expresión "un cero a la izquierda" para referirnos a lo que no tiene valor, a lo que es nulo o despreciable. Por el contrario, nos pasamos la vida persiguiendo el crecimiento de los ceros a la derecha en nuestras cuentas bancarias, creyendo que cada “óvalo” extra nos añade una capa de seguridad y trascendencia.

Pero, ¿qué tan real es esa diferencia?

Hagamos un ejercicio de honestidad brutal. Imaginen a un hombre que acaba de recibir una noticia definitiva: le quedan pocas semanas de vida. En ese instante, se produce un colapso matemático en su realidad. Para él, ¿qué diferencia existe entre ese "cero a la izquierda" que representa su irrelevancia social y el último "cero a la derecha" de una fortuna de siete dígitos?

La respuesta es demoledora: Ninguna.

Para quien se enfrenta a la finitud, el valor de ambos es nulo. El exceso de ceros a la derecha no puede comprarle un amanecer extra, ni el cero a la izquierda puede quitarle la dignidad de lo que ha vivido. El número, de repente, deja de ser un trofeo para mostrarse como lo que siempre fue: una mera representación.


Saborear el presente sin dramatismo


Muchos confunden esta visión con el fatalismo. Dicen: "Si nada vale nada, ¿para qué esforzarse?". Mi respuesta es justo la contraria. Mi filosofía no invita a la desesperación, sino a la responsabilidad del ahora.

Saborear el presente al máximo no significa vivir como si cada segundo fuera el fin del mundo. Esa es una carga pesada y angustiante que nadie debería llevar. El verdadero arte consiste en disfrutar de la vida con la serenidad de quien sabe que los números son herramientas, no amos.

Mis tres centésimos de hoy son un éxito absoluto. ¿Por qué? Porque significan que alguien, en algún rincón, dedicó su tiempo —el único activo que no se recupera— a leer seis páginas de mis cuentos. Ese intercambio de energía humana vale mucho más que la cifra fría en un tablero de control.


Ajustar el "Valorómetro"


La riqueza o pobreza de nuestros deseos depende de dónde pongamos el foco. Si pretendemos alcanzar nuestra felicidad y plenitud centrándonos en los ceros de la derecha, siempre seremos pobres, porque la sed de acumulación es insaciable. Pero si la medimos en momentos de conexión, en una tarde de juegos con los nietos, o en la satisfacción de compartir un encuentro con amigos, entonces somos millonarios.

Hoy te invito a que revises tus propios números. No dejes que un cero a la izquierda te quite el sueño, ni que los ceros a la derecha te cieguen la vista. La única cifra que realmente importa es el 1: un día más, una oportunidad más, un latido más.

Lo demás es solo aritmética. Lo real es lo que estás sintiendo mientras lees estas líneas.

Esta historia es un ejemplo de los desafíos que abordamos constantemente en la vida: la lucha contra el ego, el peso de las decisiones difíciles y la necesidad de reconstruir para avanzar.

Si esta reflexión sobre la condición humana y la búsqueda de la autenticidad resonó contigo, te invito a adentrarte en mi primer libro.

En él, profundizo a través de catorce historias reales (ficcionadas para proteger la identidad de los protagonistas), donde la resiliencia es la única respuesta para avanzar cuando toca enfrentar decisiones que ponen a prueba nuestra esencia.

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