La dictadura del "Yo": ¿Por qué olvidamos que somos un equipo?
Nadie es más importante que el equipo completo. En este nuevo artículo, comparto una 'metáfora inversa' para adultos que nos recuerda que la verdadera fuerza no está en brillar individualmente, sino en sostener a quien se apaga. Te invito a leer esta lección de vida sobre la gratitud y la unidad que hoy forma parte de mi camino como Escritor Resiliente.
Alejandro Borges
1/7/20263 min read


"A veces, para entender las complejidades del mundo adulto —donde el ego suele ser el capitán del barco—, hay que volver a la sencillez de los cuentos. Hace tiempo escribí una historia que hoy, bajo la mirada de Escritor Resiliente, cobra un sentido nuevo. Es una fábula sobre el cuerpo, pero en realidad, es una advertencia para el alma."
Los Cinco Regalos (Versión 2026)
En el Reino de las Hadas, donde el tiempo no corre sino que danza, cinco hermanas compartían el té bajo un sauce que lloraba miel. Eran Colorida, Ruidosa, Mimosa, Sabrosa y Perfumada.
Aquella tarde, un silencio inusual cayó sobre la mesa. Dicen que cuando eso pasa, es que un ángel camina entre nosotros. A ellas, ese silencio las inspiró: decidieron hacer un regalo colectivo a un país lejano y misterioso llamado Cuerpo Humano.
—Yo le daré la Vista —dijo Colorida, agitando su varita— para que no camine a ciegas por el mundo. —Yo el Oído —sumó Ruidosa— para que la música le cuente los secretos del viento. —Yo el Tacto —susurró Mimosa— para que aprenda el consuelo de una caricia. —Yo el Gusto —agregó Sabrosa— para que cada bocado sea un mapa de alegría. —Y yo el Olfato —concluyó Perfumada— para que el recuerdo de las flores lo acompañe siempre.
Esa noche, viajaron al mundo de los hombres. Mientras Cuerpo Humano dormía, ellas tejieron sus dones en sus centros nerviosos. Al despertar, el protagonista se sintió un dios: el café olía a gloria, el sol le besaba la cara y el canto de los pájaros era una sinfonía privada.
Pero el éxito es un cristal frágil. De regreso en el sauce de miel, la vanidad, ese veneno silencioso, se sentó a la mesa.
—Mi regalo es el mejor —sentenció Colorida con voz altiva—. Sin la Vista, Cuerpo Humano está perdido. Es mi luz la que lo guía. —¡Mentira! —saltó Ruidosa—. Sin el Oído, vive en un desierto de silencio. El mío es el regalo supremo.
La discusión subió de tono hasta que el té se enfrió y la magia se agrió. En un arranque de soberbia, decidieron retirar sus dones para demostrar su importancia. "Que vea lo que es la vida sin mí", pensó cada una.
De inmediato, Cuerpo Humano colapsó. Se volvió un náufrago en su propio cuarto. Sin la Vista, chocó contra la "Ciudad de Narizota"; sin el Tacto, sus manos en "Las Palmas" se quemaron sin aviso; sin el Gusto, la comida era ceniza en su boca.
Fue entonces cuando apareció Sabiduría, el hada mayor, con una mirada que pesaba más que mil años. —Mírenlo —les dijo, señalando al hombre que sollozaba en el suelo—. Han despedazado una obra maestra por un puñado de orgullo. Ninguna es más que la otra, porque ninguna es nada por sí sola.
Las hadas, avergonzadas, sintieron el frío de su propio error. Se abrazaron llorando y devolvieron los sentidos, pero esta vez con una promesa nueva, una que nació de la resiliencia:
—Si algún día una de nosotros falta —juraron—, las otras cuatro trabajaremos el doble. Aguzaremos el oído para que el ciego "vea" con los sonidos; afinaremos el tacto para que el sordo "escuche" con la piel.
Desde entonces, en el país de Cuerpo Humano, los sentidos no compiten; se cuidan entre ellos. Porque aprendieron que la verdadera fuerza no está en quién brilla más, sino en quién sostiene al que se apaga.
Reflexión Final: "Este cuento me recuerda que la resiliencia no es solo levantarse uno mismo tras un golpe (como el que me dio la vida con aquel 'regalo inesperado' en forma de infarto), sino saber sostener al que está al lado cuando sus fuerzas flaquean. En mi emprendimiento, y en mi vida a los más de 60 años, he aprendido que nadie es el regalo más importante. Lo verdaderamente valioso es la red que formamos cuando entendemos que, si a uno le falta la vista, los otros cuatro debemos aguzar el oído por él."
Cierre: "¿Y vos? ¿Alguna vez sentiste que tu propio ego te dejó a ciegas? Te invito a leer esta historia y a compartirla con alguien que necesite recordar el valor de la unión."
Esta historia es un ejemplo de los desafíos que abordamos constantemente en la vida: la lucha contra el ego, el peso de las decisiones difíciles y la necesidad de reconstruir para avanzar.
Si esta reflexión sobre la condición humana y la búsqueda de la autenticidad resonó contigo, te invito a adentrarte en mi primer libro.
En él, profundizo a través de catorce historias reales (ficcionadas para proteger la identidad de los protagonistas), donde la resiliencia es la única respuesta para avanzar cuando toca enfrentar decisiones que ponen a prueba nuestra esencia.
