La injusticia de no entender qué es ser un jefe justo
Repetimos como un dogma corporativo que un buen líder debe medir a todos con la misma vara. Sin embargo, tras más de treinta años al frente de equipos numerosos, la experiencia demuestra lo contrario: tratar a los trabajadores exactamente igual es la forma más rápida de ser profundamente injustos. Trabajar con personas —y no con números— exige comprender que cada individuo tiene dinámicas, rechazos y motivaciones únicas. Una reflexión indispensable sobre el liderazgo real, la empatía operativa y el error de estandarizar el trato humano.
Alejandro Borges
7/29/20263 min read


La injusticia de no entender qué es ser un jefe justo
Uno de los axiomas más aceptados en el mundo corporativo es que "el jefe justo es aquel que trata a todos sus colaboradores de la misma forma". Tras más de tres décadas liderando equipos numerosos, puedo asegurarles que esa premisa, en la teoría, suena impecable; en la práctica, no pasa de ser una buena intención que esconde una profunda injusticia.
Tratar a todos los trabajadores exactamente igual es la manera más rápida de ser injustos.
Esto, que de entrada parece una invitación a tener favoritos o a mirar a la gente con desconfianza, se reduce a una sola verdad: trabajamos con personas, no con números. Cada individuo tiene sus propias capacidades, sus dinámicas, sus fortalezas y sus rechazos. Pretender estandarizar el trato humano bajo una fría norma de equidad matemática es ignorar la esencia misma de la dirección de equipos.
Por eso, el tiempo y la experiencia me enseñaron que un jefe justo es aquel que logra una comunicación bidireccional y sincera con cada uno de sus subalternos. No se trata de fijar una meta genérica y pretender que todos la alcancen de la misma manera y al mismo tiempo. La verdadera justicia consiste en comprender el contexto individual para lograr que cada persona dé lo mejor de sí dentro de sus posibilidades reales.
Esa es la pieza clave para dignificar los roles, fomentar el trabajo en equipo, motivar y construir un genuino sentido de pertenencia en la estructura.
El ejemplo de la trinchera
En un momento detecté que dos de nuestros camarógrafos se mostraban incansablemente incómodos. Al prestar atención y conversar con ellos, encontré el origen del problema: a uno le fascinaba la política, los discursos y el pulso del poder; al otro le daba alergia el mundo de las corbatas y prefería el barro de la calle, los móviles de exteriores y la adrenalina pura.
A la inversa, obligar al primero a pasar horas a la intemperie o al segundo a cubrir rosca política era una fuente constante de frustración silenciosa.
La solución fue tan simple como productiva: al amante de la política comencé a enviarlo siempre que era posible al Parlamento o a Casa de Gobierno; al otro, a cubrir la calle y los hechos policiales. ¿El resultado? Ambos trabajaban a gusto, rendían al máximo y las caras largas desaparecieron por completo.
Antes de este ajuste nunca hubo un bache en la calidad profesional de sus entregas, pero sumar el plus de desempeñar la tarea en el ámbito que preferían transformó de raíz el clima del equipo.
El verdadero rol de la dirección
Muchas veces nos obsesionamos tanto con los resultados que olvidamos lo que pasa por debajo: pequeños malestares que, si se ignoran, terminan convirtiéndose en una bomba de tiempo operativa y emocional.
El liderazgo moderno no consiste en administrar autómatas bajo una falsa vara de igualdad, sino en tener la sensibilidad de observar, interpretar y actuar. La clave se reduce siempre a lo mismo: detrás de cada rol laboral, de cada objetivo cumplido y de cada informe diario, hay una persona esperando ser entendida.
Esta historia es un ejemplo de los desafíos que abordamos constantemente en la vida: la lucha contra el ego, el peso de las decisiones difíciles y la necesidad de reconstruir para avanzar.
Si esta reflexión sobre la condición humana y la búsqueda de la autenticidad resonó contigo, te invito a adentrarte en mi primer libro.
En él, profundizo a través de catorce historias reales (ficcionadas para proteger la identidad de los protagonistas), donde la resiliencia es la única respuesta para avanzar cuando toca enfrentar decisiones que ponen a prueba nuestra esencia.
