La trampa de los atajos: Por qué el jefe no tiene una tercera opción
La trampa de premiar al que no trabaja. ¿Alguna vez sentiste que, en tu equipo, "da lo mismo romperse el alma que no hacer nada"? Esa sensación de injusticia no es casualidad; es el resultado directo de las decisiones que tomamos como jefes cuando priorizamos la urgencia sobre la coherencia. Hoy comparto una reflexión sincera sobre el costo de los atajos en el liderazgo y cómo, tras cuatro décadas de carrera, aprendí que la justicia laboral no es un gasto, sino la única inversión que realmente sostiene a un equipo.
Alejandro Borges
7/1/20262 min read


La trampa de los atajos: Por qué el jefe no tiene una tercera opción
Después de 40 años gestionando equipos de hasta 80 personas, llegué a una conclusión que me tomó demasiado tiempo entender: los jefes no tenemos una tercera opción. O respaldamos al que se esfuerza, o respaldamos al que se rige por la ley del mínimo esfuerzo. No hay punto medio.
Muchas veces, por la urgencia o el miedo a la confrontación, los jefes tomamos "atajos". Si una tarea es crítica, se la damos al eficiente porque sabemos que la resolverá. Es el camino seguro, pero es una trampa. Sin querer, terminamos castigando al que trabaja bien con más carga, mientras premiamos al ineficiente con menor exigencia.
El resultado es el que todos conocemos: se instala la sensación de que "da lo mismo romperse el alma que no hacer nada". Esta semilla degrada el equipo y crea fricciones silenciosas. Como líderes, tenemos la responsabilidad de no mirar para el costado.
¿Cómo erradicar los atajos?
La caricia positiva: Reconocer el compromiso no es un gasto, es una inversión en lealtad y resultados.
La conversación difícil: No busques culpables, busca soluciones. Invita al colaborador a que exponga su visión. Muchas veces, lo que llamamos "negatividad" es solo una falta de claridad en las reglas del juego.
La última consecuencia: Si después de una charla sincera la actitud no cambia, hay que tener la valentía de entender que esa persona no debe integrar el equipo.
Como líderes, debemos dejar de lado la comodidad. Aplicar el sentido común y la justicia laboral no es solo ético; es la única forma de construir equipos que realmente funcionen.
Este análisis es un ejemplo de los desafíos que abordamos constantemente en la vida: la lucha contra el ego, el peso de las decisiones difíciles y la necesidad de reconstruir para avanzar.
Si esta reflexión sobre la condición humana y la búsqueda de la autenticidad resonó contigo, te invito a adentrarte en mi primer libro.
En él, profundizo a través de catorce historias reales (ficcionadas para proteger la identidad de los protagonistas), donde la resiliencia es la única respuesta para avanzar cuando toca enfrentar decisiones que ponen a prueba nuestra esencia.
