Mala onda con wi fi
¿Tiene el odio alcance inalámbrico? En el pasillo de un liceo, entre "haters" y "manifestaciones" místicas, un examen de Historia se convierte en el escenario de una batalla real: la de los que esperan que el universo conspire y los que simplemente entran a rendir cuentas. Un relato filoso sobre la mediocridad y el poder del conocimiento.
Alejandro Borges
5/6/20263 min read


Mala onda con wi fi
El escalón de mármol estaba congelado, pero a Sebastián no le importaba. Tenía los auriculares puestos en modo transparencia: sin música, solo para que no lo jodieran mientras intentaba un último repaso.
Afuera del salón de Historia, el aire estaba rancio. Adentro, Santiago estaba rindiendo el oral. Solo, frente al tribunal.
—Se cree que tiene todo el flow porque se leyó tres libros, el fantasma ese —dijo Fran, haciendo girar el celular en la mano—. Se hace el influencer de la cultura en Instagram y no llega a tres likes; ni la madre le comenta los reels. Ojalá lo liquiden. Que lo dejen en blanco, que pierda y se vaya un fracasado nivel Dios.
—Mal —acotó Valen, ajustándose un anillo—. El loco es alta red flag, se hace el intelectual y es un denso. Si pierde hoy, hay fiesta de memes. Ojalá el karma le llegue de una vez.
Sebastián se bajó los auriculares al cuello. Los miró como a su sobrina de tres años cuando recibía los regalos de los Reyes Magos.
—¿Ustedes se escuchan? —preguntó Sebastián—. Parecen haters de diez años.
—No hinches. Es un soberbio, Seba. Se merece que lo reboten —insistió Fran—. Estoy acá, mandándole toda la mala vibra para que lo deje recalculando.
—Es energía, man —agregó Valen, sin sacar los ojos del celular—. La idea es que lo dejen de seis. Hay gente que tira vibras rancias y te tumba. Yo manifesté para que le toque el tema más difícil.
Sebastián soltó una risa seca, casi un ladrido.
—¿Y qué onda? ¿Tu mala vibra tiene Wi-Fi, Valen? ¿Te creés que porque vos "manifiestes" acá afuera, si el loco sabe quién era Robespierre, ustedes le van a freír las neuronas a través de la pared? —Sebastián señaló la puerta de madera—. Es un examen de Historia, no un duelo de hechizos. Si el pibe estudió, va a salvar. Sus deseos no tienen alcance, no son una antena 5G.
—Sos un aburrido, siempre con la lógica —dijo Valen—. El universo escucha, pero vos no entendés nada.
—Lo que hay es gente con miedo que proyecta sus inseguridades en el que se anima —respondió Sebastián, volviéndose a cubrir los oídos.
El pasillo del liceo olía a encierro y a miedo. De repente, la puerta se abrió. Santiago salió caminando con los hombros rectos. No festejaba, no lloraba. Tenía esa cara de nada que tienen los que ya cumplieron. Cruzó el pasillo, no saludó a nadie y se perdió por la escalera.
Fran y Valen se quedaron mudos, esperando que se tropezara al menos, pero no pasó. Sebastián se levantó. Se acomodó la mochila. Era su turno.
—Bueno, me voy adentro —dijo.
—Suerte, Seba —dijo Valen, mirándolo de reojo—. Con esa cara de nerd que tenés, no podés perder. Tu ascendente en Virgo te re ayuda.
Sebastián se detuvo frente a la puerta. No se dio vuelta.
—La suerte tampoco tiene Wi-Fi, ni ascendente —dijo Sebastián.
Entró. El tribunal lo esperaba en el silencio de la mesa de examen. Se paró frente al pizarrón, tomó la tiza y enfrentó las miradas de los profesores. Se acordó de los que estaban afuera, intentando hackear la realidad con el misticismo o el odio. Entonces comprendió: el problema no era que ellos desearan el mal, el problema era que creían que su mediocridad tenía algún tipo de poder cósmico.
Sebastián empezó su exposición sobre la Guillotina. Pensó que, al final, la historia siempre la escriben los que se quedan adentro.
¿Alguna vez sentiste que el ruido de afuera intenta frenarte? En tiempos de red flags, reels y la costumbre de "manifestar" deseos, a veces parece que la envidia o el karma tienen alcance inalámbrico. Pero, ¿qué pasa cuando esa "mala vibra" choca contra la realidad de un examen?
Este cuento corto nos lleva al pasillo de un liceo, ese lugar donde los miedos y las inseguridades se disfrazan de misticismo digital. Es una historia sobre la superación personal y ese momento en que decidimos dejar de escuchar el murmullo de los haters para confiar en lo que realmente sabemos.
Si alguna vez te sentiste observado por quienes esperan tu tropiezo, te invito a leer este relato. Porque, al final, la verdadera conexión no depende de una antena 5G, sino de lo que somos capaces de hacer cuando entramos al salón y tomamos la tiza.
Esta historia es un ejemplo de los desafíos que abordamos constantemente en la vida: la lucha contra el ego, el peso de las decisiones difíciles y la necesidad de reconstruir para avanzar.
Si esta reflexión sobre la condición humana y la búsqueda de la autenticidad resonó contigo, te invito a adentrarte en mi primer libro.
En él, profundizo a través de catorce historias reales (ficcionadas para proteger la identidad de los protagonistas), donde la resiliencia es la única respuesta para avanzar cuando toca enfrentar decisiones que ponen a prueba nuestra esencia.
