Una estación de combustible en el desierto: los jubilados somos millonarios y no lo sabemosa publicación
¿Te sentís un "cero a la izquierda" tras jubilarte? Grave error. Sos millonario en varios sentidos, pero el sistema no sabe cotizar tu valor. Descubrí cómo convertirte en una estación de combustible en medio del desierto.
Alejandro Borges
8/12/20263 min read


Una estación de combustible en el desierto: los jubilados somos millonarios y no lo sabemos
El siguiente texto está dirigido especialmente a todas aquellas personas que se han jubilado y se sienten vacías o sin propósito. Aquellos que en sus entrañas se sienten un cero a la izquierda y eso les genera una incomodidad. No voy a compartir una fórmula mágica. Solo, como siempre, comparto experiencias vividas que creo que sirven para sembrar esperanza a los muchos, que me consta, viven esta situación que acabo de describir.
Como muchos de ustedes saben, después de jubilarme, decidí encarar la carrera de escritor. Hay días en los que el desánimo intenta tomar el control de la agenda. El algoritmo de las plataformas de venta ignora tu esfuerzo, los tableros de ventas permanecen en cero y la sensación de estar predicando en el desierto se vuelve un ruido de fondo persistente.
Esta semana, a punto de tirar la toalla en mis caminatas bajo el frío invernal, el desierto me devolvió un espejo.
Me crucé con Mario. Un hombre de 67 años, ex piloto de aviación, que sobrevivió a un ACV mientras dormía. Me contó que su médico le dijo algo que me quedó retumbando: "La mayoría sigue de largo; vos ahora tenés dos cumpleaños". Hablamos durante veinte minutos que valieron más que mil clics en una web. Él sabía de mi libro (“¿Qué harías? Historias reales. Decisiones difíciles”) a través de un amigo que lo leyó. Me reconoció y me detuvo para conversar porque ese amigo suyo le había hablado en particular de mi experiencia con el infarto y el camino que elegí recorrer.
A lo largo de la charla, compartió mis ideas sobre los "No No" y me confesó que, como yo, siente la marginación cotidiana de quienes, habiendo entregado su vida al trabajo, de pronto se encuentran con un mundo que los mira como si ya no aportaran nada. “Tengo decenas de contactos, pero el celular ya no suena, cuando antes no paraba”, me confesó.
En ese encuentro, mientras el viento soplaba sobre nosotros, entendí una verdad que quiero compartirte hoy: los jubilados somos millonarios y no lo sabemos.
Estamos llenos de una moneda que el sistema no sabe cotizar: experiencia real.
Pero acá viene la parte difícil, la que nos toca de cerca: el sistema no va a venir a golpearnos la puerta para decirnos que somos valiosos. La sociedad nos ha etiquetado como los "No No" —ya “No” trabajamos, ya “No” hacemos nada.—. Si nos sentamos a esperar que nos den un lugar, nos vamos a transformar en una planta más de las que adornan la casa, esperando que la vida pase.
Cambiar esta realidad depende exclusivamente de nosotros, y ese es el eje central de mi nuevo libro, Mi camino resiliente +60, que acabo de publicar.
Los jubilados no somos una carga: Somos el reservorio de historias, de errores aprendidos y de la capacidad de mantenernos de pie cuando el cuerpo avisa que los años pesan.
La trampa de la victimización: Es muy cómodo sentarse en el sillón a quejarse de lo que el mundo nos debe. Es mucho más difícil, pero infinitamente más rentable, salir a construir nuestro propio propósito.
El propósito se fabrica, no se encuentra: La jubilación no es el final de la película; es el inicio de la etapa donde por fin podes decidir quién querés ser, sin el grillete de la productividad obligatoria.
Cuando publico mis libros, no lo hago por dinero ni por fama. Lo hago para documentar esto mismo: que es posible salir a caminar, endurecer el cuerpo, desafiar a la lógica del descarte y seguir sembrando esperanza.
Si hoy te sentís invisible, si crees que tu tiempo pasó, te invito a una reflexión: no sos un mueble viejo en una casa que ya no es tuya. Sos una estación de combustible en medio del desierto. Podés elegir quedarte vacío esperando que alguien pase a cargarte, o podés entender que tenés el carburante, la experiencia y la vida suficiente para que otros, cuando te crucen, encuentren el impulso para seguir su propio camino.
El puente existe. Yo lo estoy construyendo día a día, kilómetro a kilómetro, palabra por palabra, y me encontré con Mario a mitad de camino. ¿Te sumás a construir tu lado del puente?
Esta historia es un ejemplo de los desafíos que abordamos constantemente en la vida: la lucha contra el ego, el peso de las decisiones difíciles y la necesidad de reconstruir para avanzar.
Si esta reflexión sobre la condición humana y la búsqueda de la autenticidad resonó contigo, te invito a adentrarte en mi primer libro.
En él, profundizo a través de catorce historias reales (ficcionadas para proteger la identidad de los protagonistas), donde la resiliencia es la única respuesta para avanzar cuando toca enfrentar decisiones que ponen a prueba nuestra esencia.
